29 abr. 2013

Con las botas puestas

Sin duda se han convertido en la imagen de la Policía. Sin duda, es el rostro duro, la cara de los que se tienen que poner en primera línea, de los que tienen que reconducir la paz y la tranquilidad en las calles en las situaciones más difíciles. Su aspecto es intimidatorio, duro... Y tiene que ser así.
Son los agentes de las Unidades de Intervención Policial, las antiguas unidades antidisturbios. Los hombres de la porra. Siempre con las botas puestas.

A ellos les toca bailar siempre con "la más fea". Porque lo hagan como lo hagan siempre habrá una instantánea, una secuencia de vídeo que, de forma aislada, traslade la imagen de brutalidad. Esa brutalidad puede existir. De hecho, no será la primera vez que internamente se sanciona a alguno de estos agentes por "excesos". Todos los hemos visto. Pero estos excesos son mínimos, son las excepciones entre el gran número de actuaciones que estos uniformados de botas altas tienen que llevar a cabo.

Manifestantes antisistemas, durante la concentración del jueves frente al Congreso.

"La orden de cargar es la última de las últimas de las decisiones. No vamos a cargar. No. Tratamos de evitarlo siempre", recuerda uno de estos mandos de las UIP en una charla con este periodista.

Pero cuando hay que recomponer el orden en las calles, las porras salen de sus fundas y las detenciones se practican sobre aquellos que tratan de imponer su voluntad con violencia y fuera del sistema.

"Cumplimos con nuestra obligación, hacemos cumplir la Ley y actuamos siempre bajo criterios de proporcionalidad", resume, marcial, otro de los mandos.

Despliegue especial para hacer frente a la iniciativa de los antisistema.

Este último lustro, y como consecuencia del aumento de las protestas ciudadanas enmarcadas en la agudización de la crisis, el papel de estos uniformados ha copado las primeras páginas de los periódicos.

Pero pocas veces conocemos las interioridades de uno de los servicios de la Policía "más delicados", como recuerdan desde el Ministerio del Interior. Yes que los políticos saben que la imagen es clave ante su opinión pública y ante la opinión pública internacional. Y que esa imagen está en la calle, en las protestas y en la reacción policial.

Por eso estos agentes reciben órdenes claras para actuar siempre con proporcionalidad. Y tratan siempre, como dicen en su argot, de encapsular a los elementos violentos y antisistemas que siempre se cuelan en todas las protestas y que solo buscan el disturbio y la violencia.

Pero hasta que un agente antidisturbio carga, tiene que aguantar y aguantar y aguantar. Yo he visto como les escupen, como se acercan a sus caras y les insultan a sus hijos. Incluso, no es exageración, en una ocasión vi a un antisistema, completamente borracho, devolver en las botas de un antidisturbio y luego seguir insultándole y "acordándose" de su familia. El agente tuvo que ser sujetado por el compañero que tenía al lado. "Tranquilo, aguanta". Las provocaciones que sufren estos agentes son incontables. El jueves, en Neptuno, casi un millar de radicales poco amigos del sistema les cantaban: "madero, me he follado a tu mujer". Ylo que es peor, "ojalá resuciten los grapo y os lleven a todos por delante con vuestras familias".

En fin, que este cuerpo es el más impopular, el más feo, el que da la foto agresiva de la actitud policial pero, sin duda, y aunque haya excesos, sin ellos, los demócratas no dormirían tranquilos del todo. Mi reconocimiento al trabajo que en el marco de la ley lleva adelante la Policía. Estos agentes son los que pueden utilizar, por ley, la violencia, para reponer la ley. Lo dice la ley.

Fernando Lázaro. Fuente: Bajos Fondos