La Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) ha denunciado este
jueves por medio de un comunicado que el pasado mes de junio uno o
varios individuos asaltaron en alta mar una de las patrulleras de la
Guardia Civil que escolta a las autoridades de ese país para prevenir el
tráfico de cayucos. El incidente se saldó con uno de los agentes herido
de bala en un brazo por lo que tuvo que ser repatriado de urgencia a
España.
"Una de las patrulleras de la Guardia Civil que colabora
con la policía de ese país para evitar los enormes riesgos que suponen
las travesías de los cayucos hacia Europa, fue asaltada por uno o varios
individuos, la noche del 29 junio 2011. Como resultado del forcejeo con
los asaltantes el agente español que se hallaba de guardia fue herido
por arma de fuego en un brazo. Y, aunque ya se ha recuperado de las
heridas producidas, tuvo que ser repatriado con urgencia", relata la
AUGC en su comunicado que en el que exponen otros dos incidentes en los
últimos meses.
El segundo caso se produjo el 18 de septiembre,
según la AUGC, que describe el accidente que sufrió un patrullera de la
Guardia Civi de Algeciras "debido la mal estado de la mar" en el marco
de "una persecución a una embarcación rápida, sospechosa de transportar
estupefacientes".
El tercero se produjo durante una actuación de
la policía gibraltareña y la Guardia Civil que se encontraban
colaborando, "a pesar de la inexistencia de un protocolo de actuación
conjunta", en la persecución de una embarcación de narcotraficantes.
"Durante la acción la patrullera de la policía gibraltareña embiste a la
de la Guardia Civil de Algeciras y el resultado, tres policías
gibraltareños heridos y graves daños en las patrulleras".
"Pero
el incidente podría haber sido mucho más grave ya que dos de los
policías gibraltareños cayeron al mar de noche e inconscientes y solo la
rápida actuación de los guardias civiles evitaron que hoy tuviéramos
que hablar de dos agentes muertos", añade la nota, que critica que "a
los guardias civiles anónimos que les salvaron la vida ni siquiera se
les ha hecho llegar la más mínima felicitación de la Dirección General
de la Guardia Civil".
SÓLO CUBRE FALLECIMIENTO O LESIONES DE GRAN INVALIDEZ
La
AUGC recurre a estos episodios para denunciar que "el seguro de
accidente de las patrulleras de la Guardia Civil no cubre estas
lesiones, que en uno de agentes alcanza cinco hernias discales de las
que, lamentablemente, es posible que no se recupere jamás, porque el
seguro, sólo cubre el fallecimiento o lesiones que causen gran
invalidez".
Para AUGC estos accidentes registrados en el servicio
marítimo "solo ponen de manifiesto las precarias condiciones de
desprotección, falta de apoyo y desmoralización en la que tienen que
trabajar los guardias civiles". "Agentes que día tras día ponen en
peligro su propia integridad física para garantizar la seguridad de los
ciudadanos y a los que, con total dejadez de sus funciones, el actual
Ministerio del Interior ha abandonado a su suerte", zanja.
Fuente: EL DIA
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17 nov 2011
25 oct 2010
Un testigo desmonta la versión del Gobierno del ataque en Qala-I-Naw
Meses después, la cortina de silencio tendida por el Ministerio de Defensa ha logrado que todavía no se tenga una imagen muy nítida de lo ocurrido en la base española de Qala-I-Naw el pasado 25 de agosto, cuando un afgano infiltrado entre el personal que trabaja allí para nuestro ejército asesino a dos guardias civiles y después se generó un tumulto contra la base y las tropas españolas.
Esta revuelta, que el Gobierno llegó a negar en un primer momento y que luego fue calificada por Rubalcaba como "un grupo de afganos" que "se acercó a la base donde fueron repelidos por el ejército y policía afganos" fue en realidad un problema de primer orden, con españoles sitiados durante día y medio, escenas de violencia en distintos puntos de la ciudad y el uso de armas ligeras, artefactos incendiarios, granadas de mano e incluso bombonas de butano, contra nuestras tropas y sus edificios.
NOTICIA.
Esta revuelta, que el Gobierno llegó a negar en un primer momento y que luego fue calificada por Rubalcaba como "un grupo de afganos" que "se acercó a la base donde fueron repelidos por el ejército y policía afganos" fue en realidad un problema de primer orden, con españoles sitiados durante día y medio, escenas de violencia en distintos puntos de la ciudad y el uso de armas ligeras, artefactos incendiarios, granadas de mano e incluso bombonas de butano, contra nuestras tropas y sus edificios.
NOTICIA.
10 oct 2010
Grupo de Delitos Telematicos (GDT)

El Grupo de Delitos Telematicos esta encuadrado dentro de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y es el encargado de investigar todos aquellos delitos que se cometen en Internet.
En 1996 se realizo la primera investigacion relacionada con medios informaticos, a raiz de ese momento se vio la necesidad de crear un Grupo especializado en este tipo de delitos, que estuviera formado por agentes formados tanto en el ambito de la investigacion como en el de la informatica.
En 1997 4 personas formarion el Grupo de Delitos de Informaticos (GDI) que se encargo de todas las denuncias presentadas en los acuartelamientos relacionadas con la Informatica.
De entonces cabe destacar las siguientes operaciones:
- Operación TOCO: Detención en Tarragona de dos intrusos informáticos relacionados con el acceso ilegal a los ordenadores de la Universidad de Tarragona, Universidad de Valencia, Centro de Supercomputación de Cataluña y Registro Mercantil de Tarragona.
- Operación HISPAHACK: Detención coordinada de cuatro intrusos informáticos relacionados directa o indirectamente con la sustracción de datos reservados de carácter personal de más de 2.500 usuarios de un proveedor de Internet de Girona, acceso ilegal a 16 ordenadores de la Universidad Politécnica de Cataluña, modificación de la página Web del Congreso de los Diputados, e intentos de accesos no autorizados a ordenadores de la Universidad de Oxford y de la NASA.
- Operación DIABLO Y BASURA: Detención, tras la reforma del Código Penal, de dos individuos en Palma de Mallorca y Madrid, por corrupción de menores y pornografía infantil a través de Internet.
En agosto de 2000, adecúa su orgánica hacia una mayor especialización de sus miembros, estructurándose en cuatro áreas delictivas, coincidentes con las presentadas en los debates del Convenio de Ciberdelincuencia del Consejo de Europa, en los que participaba personal de la unidad como expertos policiales. Esta nueva estructura vino acompañada de cambio de nombre del Departamento, pasando a ser DEPARTAMENTO DE DELITOS TELEMáTICOS (DDT), con cuatro equipos de investigación centrados en las áreas de pornografía infantil, fraudes y estafas, propiedad intelectual y delitos de hacking.
En febrero de 2003, la Unidad Central Operativa en la que se encuentra encuadrado el Departamento, sufre una reestructuración. El Departamento, sin modificar su plantilla ni misiones, adquiere su actual nombre, GRUPO DE DELITOS TELEMáTICOS (GDT).
Debido al incesante incremento de los delitos informáticos y a los innumerables apoyos que le solicitaban desde todas las unidades de la Guardia Civil, colapsando y restando eficacia al GDT, se inició una política de descentralización de las investigaciones consistente en formar y crear Equipos de Investigación Tecnológica (EDITE,s) en cada uno de las provincias de España. Este proceso de formación, asumido inicialmente por el GDT, le ha proporcionado un bagaje en el terreno de la formación para la investigación informática, que ha exportado a otros países de Latinoamérica.
También cabe destacar los esfuerzos realizados para fomentar un uso seguro de las nuevas tecnologías, consciente de que a la larga sus iniciativas ayudarán a minimizar el impacto de la delincuencia. Esto ha propiciado su participación en numerosos foros sobre seguridad de la información y a diseñar aplicaciones de libre distribución para prevención del fraude en la red.
Muy importante en la historia del Grupo ha sido su presencia, cada vez mayor, en seminarios y conferencias internacionales, lo que le ha permitido crear con una red de contactos policiales a nivel internacional, esencial en la resolución de determinadas investigaciones.
Actualmente es miembro y participa activamente en los siguientes foros:
- Grupo de Trabajo Europeo de INTERPOL sobre delitos relacionados con la Tecnología de la Información (EWPITC).
- Grupo de Trabajo Latinoamericano sobre Delitos Tecnológicos de INTERPOL (GTLDTI).
- Foro internacional del G-8 para el cibercrimen, siendo punto de contacto 24/7 para apoyos internacionales.

Fuente: GDT Guardia Civil.
Este grupo recientemente comenzó la campaña YO DENUNCIO bajo el lema "entre todos haremos una red mas segura" con ella se pretende acercarse al internauta y proporcionar alertas de seguridad, información sobre los diferentes delitos que se cometen en la red y noticias de sus actuaciones. Esta campaña se lleva a cabo a través de distintas redes sociales, como Facebook, Tuenti y Twitter.
Esta campaña utiliza un lenguaje claro y sin tecnicismos, para conseguir llegar a todos los internautas posibles, y que así este sea capaz de identificar el delito y de esta forma evitarlo.
Se les puede seguir desde:
http://www.facebook.com/GrupoDelitosTelematicos
y en Twitter @GDTGuardiaCivil
25 sept 2010
Una Historia de Guerra
Hoy hace un mes del asesinato de los 2 guardias civiles y de su traductor a manos de un infiltrado taliban en Afganistan.

Una historia de guerra de Arturo Pérez-Reverte
Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.
Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.
Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.
Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.
A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.
XLSemanal

Una historia de guerra de Arturo Pérez-Reverte
Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.
Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.
Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.
Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.
A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.
XLSemanal
Viva España y Viva la Guardia Civil!
25 ago 2010
2 Guardias Civiles muertos en Afganistan.

Pérez Rubalcaba ha explicado que en el tiroteo murieron un capitán y un alférez de la Guardia Civil, así como su intérprete afgano, nacionalizado español. Los agentes forman parte del Grupo deAcción Rural de la Guardia Civil, con base en Logroño, desplazado a Afganistán para tareas de formación de la Policía.
Mi mas sincero pésame a las familias, amigos y compañeros de los 3 fallecidos.
15 sept 2009
Carta de un Guardia Civil al ciudadano:

NO SOY PERFECTO.
LO SIENTO.
Todos los humanos cometemos errores, y yo he pagado por cada uno de ellos. En mis años de servicio años he visto más de lo que tú nunca verás, más de lo que nadie debería ver nunca.
He intervenido armas de fuego, drogas, cuchillos y navajas, defensas, bates y un sin fin de artilugios semejantes que podían haber resultado mortales para alguno de tus seres queridos o incluso para ti mismo, pero nunca lo sabrás porque estuve allí para evitarlo.
He recogido cuerpos destrozados en las carreteras pero también te he ayudado a cambiar la rueda pinchada de tu coche. He estado en más peleas de las que puedo contar y en más catástrofes de las que hubiera deseado. Las llamas de un incendio han quemado mi piel y la sangre de una víctima, incluso de un compañero, han manchado mi uniforme demasiadas veces.
He visto casi cada tipo de muerte que pueda existir y más de las que podáis imaginar. Debido a mis servicios, casi he muerto en varias ocasiones y he perdido amigos y colegas. He caminado ese largo paseo hasta la puerta para decirle a una madre, padre, esposa, hijo o familiar que su ser amado nunca volverá a casa. He aguantado la agonía verbal e incluso las amenazas de esa pobre gente que no puede aguantar su dolor y lo proyecta contra la primera persona que puede, el mensajero de la noticia, yo.
He visto el maltrato y la violencia entre personas que un día se prometieron amor, entre padres e hijos, entre hermanos y entre amigos. He visto los actos más crueles y mezquinos del ser humano. He visto la enfermedad y la vejez, he ayudado a levantarse al caído y he socorrido al enfermo.
Si fallo en mi trabajo, o aún sin fallar, puedo ser fácilmente denunciado ante una justicia que no me ampara, poniendo en riesgo mi trabajo, mi familia y mi propia vida. Puedo incluso perder mi libertad, por una mala situación que puede requerir una decisión en pocos segundos que a un Juez le llevara años tomar. He visto los ojos de un padre cuando la droga se ha llevado a su hijo.
He visto crímenes con los que nunca soñarías y nunca verás en series ni películas de televisión.
Como un compañero una vez me dijo: “Los policías viven los veinte peores minutos de las vidas de otros”. Sí.
Puede que le haya pedido la documentación alguna vez mientras le indicaba que sacara las manos de los bolsillos. O haberle sacado de su coche en plena noche mientras le indicaba que mantuviera las manos a la vista. Incluso haberle pedido que extendiera los brazos y haberle cacheado, todo ello sin motivo aparente para usted.
Pero usted no ha sido apuñalado en un descuido por no cachear a un ciudadano aparentemente normal, ni ha visto como un compañero caía al suelo de un tiro en la cabeza por no tomar medidas de seguridad, tampoco ha ido a visitar a un compañero que se ha quedado invalido al atropellarle un conductor que se dio a la fuga simplemente porque estaba ebrio.
He escuchado de amigos y familiares como “la Policía no hace nada” como “nos quedamos con droga” como “maltratamos y torturamos a los detenidos” o como “llegamos tarde a propósito”…
He visto a mi esposa escatimar y arañar intentando sacar adelante a tres niños con el sueldo de un policía. He visto a mis chicos aguantarse cuando se dieron cuenta de que no podía ir a sus actos escolares porque “Papá no tiene un horario normal”. He visto también a mis chicos llevar una carga que no deberían haber llevado, cuando uno de sus compañeros o amigos ha dicho que “Todos los policías son unos hijos de puta y deberían estar muertos”
He trabajado noches, fines de semana y vacaciones, noche vieja, navidad y hasta el día que tuve mi primer hijo, mientras tu estabas cómodo y seguro en tu casa con tu familia. Mi familia completa caminó sin mí demasiado tiempo… demasiado tiempo…
He visto las caras de niños que estaban perdidos y que mis colegas y yo tuvimos el privilegio de devolverles a los brazos de su desesperada madre. He visto hemorragias que he sido capaz de parar, corazones a los que he sido capaz de dar una segunda oportunidad para volver a empezar y a las víctimas del crimen que mis camaradas y yo hemos sido capaces de proteger.
Tengo grabadas en mi mente las caras de las personas cuyas vidas mis compañeros y yo salvamos. Sí, tengo historias de éxito… y de fallos.
Tengo noches en las que no puedo dormir, simplemente porque veo las caras de los que no pude ayudar, porque no llegue a tiempo o simplemente porque pienso en un “y sí…” para cada caso en que fracasé. Y si usted nunca ve una milésima parte de esto, es porque la Guardia Civil ha hecho su trabajo…
Si cometo el más mínimo fallo lo pagaré dos veces y aún así me pondré mi uniforme, mi arma y saldré de nuevo. Porque es lo que los profesionales hacen, porque YO SOY GUARDIA CIVIL
LO SIENTO.
Todos los humanos cometemos errores, y yo he pagado por cada uno de ellos. En mis años de servicio años he visto más de lo que tú nunca verás, más de lo que nadie debería ver nunca.
He intervenido armas de fuego, drogas, cuchillos y navajas, defensas, bates y un sin fin de artilugios semejantes que podían haber resultado mortales para alguno de tus seres queridos o incluso para ti mismo, pero nunca lo sabrás porque estuve allí para evitarlo.
He recogido cuerpos destrozados en las carreteras pero también te he ayudado a cambiar la rueda pinchada de tu coche. He estado en más peleas de las que puedo contar y en más catástrofes de las que hubiera deseado. Las llamas de un incendio han quemado mi piel y la sangre de una víctima, incluso de un compañero, han manchado mi uniforme demasiadas veces.
He visto casi cada tipo de muerte que pueda existir y más de las que podáis imaginar. Debido a mis servicios, casi he muerto en varias ocasiones y he perdido amigos y colegas. He caminado ese largo paseo hasta la puerta para decirle a una madre, padre, esposa, hijo o familiar que su ser amado nunca volverá a casa. He aguantado la agonía verbal e incluso las amenazas de esa pobre gente que no puede aguantar su dolor y lo proyecta contra la primera persona que puede, el mensajero de la noticia, yo.
He visto el maltrato y la violencia entre personas que un día se prometieron amor, entre padres e hijos, entre hermanos y entre amigos. He visto los actos más crueles y mezquinos del ser humano. He visto la enfermedad y la vejez, he ayudado a levantarse al caído y he socorrido al enfermo.
Si fallo en mi trabajo, o aún sin fallar, puedo ser fácilmente denunciado ante una justicia que no me ampara, poniendo en riesgo mi trabajo, mi familia y mi propia vida. Puedo incluso perder mi libertad, por una mala situación que puede requerir una decisión en pocos segundos que a un Juez le llevara años tomar. He visto los ojos de un padre cuando la droga se ha llevado a su hijo.
He visto crímenes con los que nunca soñarías y nunca verás en series ni películas de televisión.
Como un compañero una vez me dijo: “Los policías viven los veinte peores minutos de las vidas de otros”. Sí.
Puede que le haya pedido la documentación alguna vez mientras le indicaba que sacara las manos de los bolsillos. O haberle sacado de su coche en plena noche mientras le indicaba que mantuviera las manos a la vista. Incluso haberle pedido que extendiera los brazos y haberle cacheado, todo ello sin motivo aparente para usted.
Pero usted no ha sido apuñalado en un descuido por no cachear a un ciudadano aparentemente normal, ni ha visto como un compañero caía al suelo de un tiro en la cabeza por no tomar medidas de seguridad, tampoco ha ido a visitar a un compañero que se ha quedado invalido al atropellarle un conductor que se dio a la fuga simplemente porque estaba ebrio.
He escuchado de amigos y familiares como “la Policía no hace nada” como “nos quedamos con droga” como “maltratamos y torturamos a los detenidos” o como “llegamos tarde a propósito”…
He visto a mi esposa escatimar y arañar intentando sacar adelante a tres niños con el sueldo de un policía. He visto a mis chicos aguantarse cuando se dieron cuenta de que no podía ir a sus actos escolares porque “Papá no tiene un horario normal”. He visto también a mis chicos llevar una carga que no deberían haber llevado, cuando uno de sus compañeros o amigos ha dicho que “Todos los policías son unos hijos de puta y deberían estar muertos”
He trabajado noches, fines de semana y vacaciones, noche vieja, navidad y hasta el día que tuve mi primer hijo, mientras tu estabas cómodo y seguro en tu casa con tu familia. Mi familia completa caminó sin mí demasiado tiempo… demasiado tiempo…
He visto las caras de niños que estaban perdidos y que mis colegas y yo tuvimos el privilegio de devolverles a los brazos de su desesperada madre. He visto hemorragias que he sido capaz de parar, corazones a los que he sido capaz de dar una segunda oportunidad para volver a empezar y a las víctimas del crimen que mis camaradas y yo hemos sido capaces de proteger.
Tengo grabadas en mi mente las caras de las personas cuyas vidas mis compañeros y yo salvamos. Sí, tengo historias de éxito… y de fallos.
Tengo noches en las que no puedo dormir, simplemente porque veo las caras de los que no pude ayudar, porque no llegue a tiempo o simplemente porque pienso en un “y sí…” para cada caso en que fracasé. Y si usted nunca ve una milésima parte de esto, es porque la Guardia Civil ha hecho su trabajo…
Si cometo el más mínimo fallo lo pagaré dos veces y aún así me pondré mi uniforme, mi arma y saldré de nuevo. Porque es lo que los profesionales hacen, porque YO SOY GUARDIA CIVIL
30 jul 2009
Dos guardias civiles muertos

Me gustaria dar el pesame a los familiares, amigos, compañeros de los 2 guardias civiles muertos en el atentado terrorista sucedido poco antes de las dos de la tarde en las inmediaciones del cuartel de la Guardia Civil en Palmanova, en el municipio mallorquín de Calviá.
En lo que se trata además del segundo atentado de la banda terrorista ETA en poco más de 24 horas, después de la explosión de una furgoneta-bomba contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Burgos.
Viva honrada la Guardia Civil.
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