27 abr. 2012

Mando de Operaciones Especiales.

La OTAN solicita a España la aportación de 300 militares para el Afganistán de después del 2014 (una quinta parte del actual). El personal propuesto, sería el de operaciones especiales.
Además, también estaría interesada en que la Guardia Civil prosiga con su actual misión de enlace y mentorización de la policía afgana (Police-OMLT).


El Mando de Operaciones Especiales creado por O.M. en 1997, y activado en julio de 1998 está compuesto por:
  • Cuartel General
  • Grupo de Cuartel General
  • Cia de Transmisiones
  • Grupo de Operaciones Especiales "Valencia III"
  • Grupo de Operaciones especiales "Tercio de Ampurdan IV"
  • Grupo de Operaciones Especiales "Legionario Maderal Oleaga XIX"
Los antecedentes del MOE se remontan a enero de 1957 cuando la EMM desarrolló el primer curso de aptitud para el Mando de Unidades Guerrilleras. Finalizado el IV curso en 1961, se decidió formar las dos primeras Unidades de Operaciones Especiales: la UOE nº 71 y 81.
Estrenándose la Boina Verde, símbolo de distinción de las operaciones especiales, el 8 de diciembre de 1962.
El 1 de agosto de 1966 se desarrollo la IG 165/142 en lo referente a la organización de las Compañías de Operaciones Especiales especificando la creación de una compañía, en cada uno de los Rgtos de infantería de las Brigadas de Defensa Operativa del Territorio (BRIDOT), con el nombre de COE.
Así entre los años 1966 y 1969 fueron apareciendo todas las COEs asignándoles nombres de guerrilleros y militares célebres.
Tras el plan META en los años 80, en el que se incluía la disolución de las BRIDOT, muchas de las COEs fueron disueltas y otras cambiaron de guarnición para integrarse en una unidad superior el Grupo de Operaciones Especiales.
En octubre de 1997, se publica la Orden Ministerial de creación del Mando de Operaciones Especiales (MOE).


Vídeo en homenaje a los 50 Años de las Unidades de Operaciones Especiales del Ejercito de Tierra Español.

26 abr. 2012

2 fallecidos al estrellarse un C-101


Un avión C-101 de la Academia General del Aire (AGA) de San Javier (Murcia) ha sufrido poco antes de las 11:00 horas de hoy un accidente en el término municipal de Meco (Madrid) en el que han fallecido sus dos tripulantes, un capitán instructor y un alférez alumno de 4º curso.
Se trataba de un vuelo de instrucción.

El C-101 de fabricación española, apodado como 'Mirlo' o 'Culopollo', está en servicio en el EdA desde 1980. Utilizado en la enseñanza básica avanzada y el entrenamiento del personal, presta servicio en la Academia General del Aire (AGA), en el Grupo de Escuelas de Matacán (GRUEMA) de Salamanca y en el Centro Logístico de Armamento y Experimentación (CLAEX) de Torrejón (Madrid). Es también usado por la Patrulla Aguila.

Desde aquí querría dar mi más sincero pésame a los familiares y compañeros de los fallecidos.

«Per aspera ad astra»
(desde las dificultades hasta las estrellas)

19 abr. 2012

En primera línea de fuego

"¿Qué le pasaba a mi niña que no fue al colegio?", pregunta un militar español por teléfono. "¡Ah, claro, era huelga!", añade después, sin haber caído en la cuenta de que el 29 de marzo fue huelga general en España y los centros educativos no impartían clase.

En el puesto avanzado de combate de Ludina es fácil perder la noción del tiempo y de la realidad. Se trata del campamento español situado en una zona de mayor riesgo en la provincia de Badghis, en el noroeste de Afganistán, a pesar de que todos los militares destinados allí intenten restar importancia a la situación. "Se la decoro", comenta con estas palabras el soldado Iñaki Dorado cuando se le pregunta si explica a su familia cuál es la realidad en el campamento.

Ludina es una localidad de población de etnia pastún, la misma que la de los talibán, situada a tan sólo 35 kilómetros de la capital de Badghis donde las tropas españolas tienen su principal base de operaciones en la provincia. A pesar de esto, el acceso es difícil. Sólo se puede llegar hasta allí a través de la ruta Lithium, una carretera de tierra que la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) ha arreglado recientemente pero que continúa siendo un lugar donde los talibán acostumbran a esconder artefactos explosivos.

A partir de Ludina, la situación es incluso peor. Todavía no se han hecho obras en la carretera, aunque están previstas, y los talibán campan a sus anchas. El coronel Demetrio, responsable de las tropas españolas en Badghis, admite que incluso raptan y roban a la población local. Se podría decir que los soldados españoles en Ludina se encuentran en la frontera entre la zona donde llega la mano del Gobierno de Kabul y la que la insurgencia continúa ganando el pulso al presidente Hamid Karzai. De ahí su peligrosidad.
"Siete, ocho, nueve...", afirma el capitán Miguel Ángel Carnerero, responsable del campamento hasta la semana pasada, sin precisar cuántas veces los talibán les han atacado desde que llegó a la base hace casi tres meses. "No me acuerdo bien", añade para justificar la vaguedad de su respuesta. En la base hay siete artilleros que hacen guardia noche y día al lado de dos lanzadoras de mortero de 81 mm para repeler posibles ofensivas.

"¿Y tú cómo te encuentras?", continúa la conversación el militar español al teléfono. El locutorio es una tienda de campaña destartalada con poca luz donde se han colocado varios tableros medio torcidos como separadores para conferir una cierta privacidad al que habla. El lugar es completamente tétrico. El conjunto del campamento de Ludina es así, muy espartano. Lo conforman una sucesión de tiendas de campaña, sacos de tierra y bloques de hormigón, que le confieren una cierta apariencia de fortaleza medieval. Una gran bandera española preside la entrada con un letrero que dice: FOB Bernardo de Gálvez II, el nombre real del campamento.

El agua es limitada y los soldados cocinan y se lavan la ropa ellos mismos. A pesar de ello, la mayoría asegura que prefiere estar en Ludina que en la gran base de las tropas españolas en Qala-e-now, donde hay más comodidades.

El soldado Dorado explica que en Ludina están subdivididos en grupos y normalmente les toca salir en misión una vez cada tres días. Por lo tanto, eso les mantiene ocupados. A pesar de ello Dorado lleva buena cuenta del tiempo que ha estado en Ludina: "Seis meses y un día", responde. Afirma que el invierno fue especialmente duro, con temperaturas de 15 grados bajo cero y sin agua, y que la quema de ejemplares del Corán por parte de soldados estadounidenses en la base militar de Bagram, al norte de Kabul, dificultó aún más la situación.

"La gente estaba más tirante porque nos metía a todos los soldados extranjeros en el mismo saco", explica sobre la población afgana. Durante más de una semana los militares españoles dejaron de tener relación con el Ejército afgano por razones de seguridad, ya que los talibán hicieron un llamamiento a las fuerzas de seguridad afganas para que se pusieran en contra de las tropas internacionales.

Fuente: El Mundo; Vídeo

13 abr. 2012

Encerrados en la base militar

"Siempre le digo a mi mujer por teléfono que esté tranquila porque yo siempre estoy dentro de la base, no salgo para nada. Y ella me responde: ¿entonces para qué vas a Afganistán?", comentaba un militar español la semana pasada en la base de las tropas internacionales en las afueras de la ciudad de Herat, en el oeste de Afganistán. Es cierto que muchos de los militares españoles destinados en Herat nunca salen de la base. Sin embargo, eso no significa que no tengan ningún cometido, sino todo lo contrario.

La base de Herat es una de las instalaciones militares en Afganistán con mayor actividad. Construida en el 2005 con la expansión fuera de Kabul de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), es una base aérea de las tropas internacionales pero que siempre ha estado dirigida por un oficial español. En la actualidad el coronel Domingo Porras está al mando.

En la base se alojan casi 2.500 personas, la mayoría de ellas italianas (1.545) pero también hay estadounidenses, albanos, búlgaros, lituanos, eslovenos y evidentemente españoles. En el recinto militar también se encuentra el mando militar de la región oeste de Afganistán, que en este caso recae en un general italiano.

Afganistán se encuentra dividido en cinco mandos regionales. Y recientemente el denominado Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT en sus siglas en inglés) también se ha trasladado a la base por razones de seguridad, es decir el contingente civil y militar italiano que se encarga de la reconstrucción de la provincia de Herat y cuyo centro de operaciones estaba antes en el centro urbano de su capital.

Por otra parte, la base se encuentra a pie de del aeropuerto civil de Herat, el segundo más importante de Afganistán después del de Kabul. Ocho controladores militares españoles y dos italianos se encargan del tráfico aéreo con equipos básicos. No hay radares. Cada día en Herat se registran unos cien movimientos aéreos entre vuelos civiles y militares.

"Un intérprete de la ISAF cobra más que un controlador aéreo afgano", afirma el teniente coronel Ezpeleta para explicar por qué es tan difícil encontrar controladores aéreos afganos que se encarguen del aeropuerto. Los pocos que existen se dedican a otras ocupaciones con las que pueden ganar más dinero debido a sus conocimientos de inglés, lamentan los oficiales españoles.

En la base de Herat también hay un hospital Role II que en el 2011 atendió a 8.122 pacientes y este año ya ha atendido 1.356. Y cada día entran en la instalación militar unos 500 afganos que trabajan en el recinto. Se puede decir que el coronel Porras gestiona una especie de ciudad y un aeropuerto mucho más grandes y con mayor actividad que muchas localidades y aeródromos españoles. De los 366 militares españoles destinados en Herat, la mitad se dedica al funcionamiento puro de la base.

Las tropas españolas pueden operar en la provincia de Badghis –donde se concentra el grueso del contingente- también gracias al destacamento de Herat. Desde allí se pilotan los cuatro aviones no tripulados que España tiene en Afganistán y que son imprescindibles para el reconocimiento de las carreteras para detectar posibles amenazas antes de que los militares españoles se pongan en marcha en Badghis.

Las cámaras de esos aviones pueden captar la cara de una persona perfectamente a cinco mil metros de altura. Asimismo en la base de Herat se encuentran los helicópteros de evacuación médica y otras aeronaves de transporte que dan servicio a las tropas españolas en Badghis y de otros países en el oeste de Afganistán.

En Herat también es donde se tendrá que gestionar la retirada de las tropas españolas e italianas de Afganistán. Por su base aérea pasarán todos los soldados, equipos e infraestructura que haya que llevar de vuelta a casa. Los militares españoles destinados allí consideran que ahora no salen de la base, pero también serán los últimos que salgan de Afganistán en el 2014, cuando está prevista la retirada de las fuerzas internacionales.

Fuente: El Mundo.

1 abr. 2012

Militares de Bétera al mando en Afganistán relatan su día a día en la «difícil y peligrosa» misión de la OTAN

«La sensación cuando uno pisa por primera vez el aeropuerto de Kabul es su magnitud y la gran cantidad de gente que trabaja allí». Así recuerda el teniente coronel Fernando Bernal el día que aterrizó en la capital afgana. Es uno de los 121 militares del Cuartel General de Bétera que en enero partieron desde Valencia para integrarse en el mando de la misión internacional de la OTAN en Afganistán.

Cuando aceptaron formar parte del contingente sabían que durante seis meses, algunos por más tiempo, no iban a ver a sus familias. Sólo con videoconferencias, correos, o llamadas de teléfono pueden sentir el calor de los suyos en el invierno más frío de los últimos años en Kabul. Su casa ahora se llama IJC, siglas de ISAF Joint Command, epicentro de las decisiones militares en un país que lucha por librarse del yugo de los talibanes.

Por primera vez desde que llegaron a Kabul, los españoles de la misión abren la puerta a un medio de comunicación nacional. LAS PROVINCIAS se adentra en su día a día. Y lo cierto es que todos son de trabajo. Para los militares destinados, muchos valencianos, no hay sábado ni domingo. Al menos como los entendemos aquí. Descansan por horas, sin librar ni un festivo.

Lo que tienen que construir allí no es sencillo. Así lo resume, el general Javier Cabeza, el mando de Bétera que capitanea el gran barco del IJC junto al norteamericano Curtis Michael Scaparotti, uno de los hombres de mayor confianza de Obama en Afganistán junto al general John R. Allen. «Operaciones de seguridad para proteger la población, crear un entorno estable y constituir y adiestrar a las Fuerzas de Seguridad Afganas», resume el curtido militar de Guadalajara.

Cabeza estima que las cosas avanzan a buen ritmo en ese relevo de poder que permitirá la retirada de las tropas internacionales. Pero ese optimismo no le lleva a ocultar que ISAF «es una misión difícil y peligrosa, la más compleja a la que la OTAN se haya enfrentado nunca bajo los auspicios de la ONU».

«Cuídate y cuídalos»

Todos saben que el país sigue siendo sinónimo de un peligro que acecha en cada esquina. En cada una de sus precarias carreteras y caminos. El mensaje que la esposa de Cabeza le trasladó emocionada en la videoconferencia de Fallas desde el Ayuntamiento de Valencia lo certifica: «Cuídate y cuídalos».

Durante su estancia en la capital afgana dos militares americanos fueron asesinados por la insurgencia en el Ministerio de Interior afgano. Ocurrió a finales de febrero, durante la crisis de la quema de los coranes. Por las mismas fechas, el soldado español Ivan Castro Canovaca recibió un impacto de bala en un ataque de insurgentes.

Pese admitir el riesgo sin tapujos, Cabeza considera que la estabilidad en Afganistán es «crucial» . «Nunca permitiremos que el país vuelva a ser un santuario para el terrorismo», afirma el general al tiempo que califica de «consistente» la estrategia de la misión.

El cabo primero Julio Rochina, valenciano y padre de cinco hijos, al realizar gestiones de personal del Cuartle General junto con un sargento americano, conoce bien el lado más humano de la misión.

«Afortunadamente vivimos una temporada en la que las bajas no son muy numerosas, pero como es lógico, jamás son bienvenidas». Rochina suele trabajar de ocho de la mañana a siete de la tarde, pero cuando las cosas se complican sirve «hasta altas horas de la madrugada».

El militar asegura que los envíos de la familia con «paquetes de comida de nuestra tierra son esperados con ansia». «Y creedme», añade el cabo de Bétera, «el jamón no sabe igual en casa que cuando uno lo comparte aquí en Kabul».

Pero para añoranzas las de la comandante Mayte Santafosta. La que fue fallera mayor en la falla Nou Campanar ha vivido en Kabul el ansiado doblete de su comisión fallera, premiada este año en la falla principal y en la infantil. Pero eso no es nada si lo compara con lo que echa de menos a su hijo. El niño está con sus abuelos y el marido de Mayte, el teniente coronel José María Soto, le acompaña en la misión de Kabul.

«Suelo hablar casi a diario con ellos y hemos hecho alguna conferencia por Skype. Podría hacerlo más a menudo pero, a diferencia de la mayoría, cuando hablo con ellos siento una gran melancolía. Se me hace difícil cuando trato con mi hijo y pienso lo mucho que me gustaría estar allí para poder abrazarlo», afirma con añoranza.

Para esta madre, lo único que compensa es esa satisfacción que todo militar encuentra en el deber. «El convencimiento de que lo que estoy haciendo aquí es bueno para el pueblo afgano». La reflexión de la comandante va más allá. «Y si es bueno para Afganistán lo es para la estabilidad internacional, que incluye a mi país y, por ende, un mundo mejor para mi hijo y su generación».

La comandante médico, junto a tres americanos, presta apoyo sanitario a las fuerzas de la coalición y coopera con las estructuras médicas del Ejército y la policía afgana. A diferencia del resto de sus colegas cuenta con la presencia de su esposo en la base. «La verdad es que nos vemos poco. Sólo en las comidas, pero es un apoyo inigualable», destaca.

Su vida es muy similar a la del resto de militares. El despertador suena a las 7.30 horas. Desayuno, gimnasio, ducha rápida y a trabajar. El horario para comidas comienza a las 11.30 horas y termina a las dos de la tarde. Por delante quedan otras seis horas de servcio a la misión hasta las ocho.
Lo más parecido a un fin de semana que hay en el IJC son los 'sleepyday', dos días en los que los militares empiezan a trabajar a mediodía. Esta pequeña 'tregua' en el apretado horario les permite llevar la ropa a la lavandería, limpiar su habitación o sencillamente quedarse un poco más entre sábanas, «que se agradece bastante».

Las amplias instalaciones del IJC constituyen la morada habitual para los militares de Bétera. Las salidas por Kabul por imperativo de la misión o en los pocos momentos de ocio se producen con cuentagotas y han disminuido en los últimos meses a raíz del conflicto tras la crisis de la quema de los coranes. Los mínimos de seguridad que deben adoptar en estos desplazamientos vienen marcados por los incidentes más recientes fuera de la base, sean atentados, ataques armados u otras revueltas. Y esos niveles pueden variar de un día para otro o en la misma jornada.

En el IJC no todo son barracones y ordenadores. Hay un pequeño espacio para el ocio en un mar de hangares, helicópetos y aviones. El centro militar dispone de varios restaurantes: un tailandés, un libanés, una pizzería o el local americano 'Air Force One'. Los jueves, la comandante Santafosta sale a cenar con colegas españoles. «Rompemos un poco la rutina, charlamos o cambiamos impresiones». Por unos minutos, abandonan el inglés, idioma obligado en la misión, «y podemos hablar en el maravilloso idioma de Cervantes», explica.

Embajadores del valenciano

La barrera del idioma o la procedencia cultural no es un problema en el aeropuerto de Kabul, una torre de Babel con habitantes de color caqui. El brigada Miguel Ángel Lodeiro, vecino de Valencia, es el jefe de control de accesos al IJC y celebra la gran «cohesión» que está logrando el equipo a su mando, con españoles, americanos y alemanes. «Los nuestros ejercen de buenos embajadores del idioma. Aquí tenemos a gente de Chicago, Texas o Berlin que ya sabe decir 'bona vesprada' o 'que pasa, nano'», destaca.

El aporte de Bétera a Afganistán ha llegado este mes a su ecuador. Después les relevarán otros. El cabo Rochina tiene muy asumido el calendario. «Ya nos queda poco para volver a casa, ver a nuestras familias y sentirnos satisfechos por el deber cumplido». Esta es su reflexión: «Cuando pase el tiempo y nuestro grano de arena haya servido para la paz de este pueblo podremos decir a nuestros hijos...yo estuve allí».

Fuente: Las Provincias.