17 ago. 2010

Evzones


Los evzones es el nombre de varias unidades historicas de élite de infanteria ligera y de montaña del ejército griego. Actualmente, son los miembros de la Guardia Presidencial griega (Proedriki Froura) una unidad ceremonial que cuida la Tumba del Soldado Desconocido, el Parlamento Helénico y la mansión presidencial. A los evzones tambien se les conoce como Tsoliades.

La unidad es conocida en el mundo entero por su uniforme tradicional. Los elementos basicos son:
  • La fustanella, una especia de falda que utilizaron los hombres en los Balcanes hasta el siglo XIX
  • El phareon escarlata con una larga borla negra
  • Medias de lana blanca
  • Kaltsodetes
  • Una correa de cartuchos y un M1 Garand
El color del uniforme en invierno es azul marino, similar al usado por estas unidades hasta 1910, mientras que el color usado en verano es el caqui usado a partir de esa fecha.
Los uniformes de los oficiales se diferencian ya que portan un sable en lugar del M1, otra de las diferencias es que la fustanella de los oficiales es mas larga.







El soldado recocido

El soldado recocido

No es un muñeco de cera, aunque los goterones que le recorren la cara hacen temer que se vaya derritiendo poco a poco hasta convertirse en un charquito. Ante ustedes tienen a uno de los euzones, el cuerpo de élite del Ejército griego que se ocupa de guardar, entre otros lugares emblemáticos, la Tumba del Soldado Desconocido. Justo ahí está nuestro hombre, un tiarrón de más de 1,86 -es la estatura mínima para ingresar en esta unidad- acostumbrado a desfilar a paso lento y golpeando con fuerza el suelo con el pie derecho, en una formidable muestra de parsimonia y marcialidad. Pero la Historia nos ha enseñado que los elementos son capaces de derrotar a la milicia mejor entrenada, y el sol que abrasa estos días Atenas, con temperaturas que han alcanzado los cuarenta grados, tiene al soldado recocido y bañado en sudor. Hecho un trapo, aunque sea un trapo almidonado y bien tieso.

Los euzones que custodian este monumento están obligados a permanecer inmóviles, impasibles ante los turistas que les hacen muecas, las palomas que les confunden con estatuas y, en fin, esa tortura de la transpiración que cosquillea por la cara, así que un oficial ha acudido a secar el rostro del soldado con un paño, como una Verónica vestida de camuflaje. Aún les quedan varios días a treinta y muchos grados, pero también es verdad que han pasado por momentos peores: en enero de este año, cuando alguien colocó una bomba casera a 20 metros de su sitio, el sargento preguntó a los hombres de guardia si querían dejar su puesto. Ellos tuvieron que romper su estatismo para negar levemente con la cabeza, fríos como soldados de plomo, y se quedaron allí mientras el artefacto, que resultó ser muy poco potente, estallaba.

Fuente: El Comercio


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