31 ago. 2012

Servicio de Búsqueda y Salvamento Aéreo


Con objeto de dirigir y coordinar todos los elementos que pueden intervenir en las operaciones de salvamento de aeronaves dentro del espacio aéreo español y acorde a las normas y procedimientos internacionales suscritos por nuestro país, por Decreto de la Presidencia del Gobierno se crea en 1955 en España el Servicio de Búsqueda y Salvamento (SAR), cumpliendo así la normativa establecida en el Anexo 12 de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) del Convenio de Chicago de 1947, suscrito entre otros países por el Gobierno de España.

El Servicio de Búsqueda y Salvamento Aéreo en la actualidad está constituido por los siguientes organismos y unidades orgánico-funcionales:
  • Jefatura
  • Centros Coordinadores de Salvamento; RCC-Madrid, RCC-Palma, RCC-Canarias.
El SAR cuenta con vehículos de comunicaciones, ligeros Nissan y pesados sobre un camión todo terreno. Dichos vehículos llevan equipos de comunicaciones: HF, multicanal, VHF y UHF bandas aéreas. FM multicanal y VHF con canales marinos. Equipos de comunicación directa con: Guardia Civil y Cruz Roja.
Dado el amplio espacio a cubrir, la experiencia SAR de otras naciones y la nuestra propia ha confirmado que el "binomio" avión-helicóptero es, hoy en día, la mejor opción para llevar a cabo la búsqueda y el salvamento en cualquier tipo de accidente. Por esta razón, los Escuadrones SAR españoles están dotados de este tipo de material aéreo.






UNIDADES ASIGNADAS AL SERVICIO DE BÚSQUEDA Y SALVAMENTO

Escuadrón 801: Ala 49 (Palma de Mallorca)

Fundado el 3 de agosto de 1954 como 50 Escuadrilla de Salvamento operó el , primer anfibio del Ejército del Aire (Grumman SA-16A Albatross), siendo su primera Base la de Hidroaviones de Pollensa.
En mayo de 1957, pasó a denominarse 55 Escuadrilla, para en junio de 1959 recibir la orden de trasladarse a la Base Aérea de Son San Juan, desde donde ha operado hasta la actualidad.
En agosto de 1962 la 55 Escuadrilla pasó a llamarse 55 Escuadrón de Salvamento, el 1 de abril de 1965: 801 Escuadrón de Salvamento, y el 3 de noviembre de 1967: 801 Escuadrón de Fuerzas Aéreas, denominación actual integrado en el Grupo de Fuerzas Aéreas del Ala 49.
Cuenta en plantilla con seis helicópteros SA.330 Puma, tres C-212 y tres CASA CN-235 VIGMA.


Escuadrón 802: Ala 46 (Las Palmas)

El 21 de enero de 1955 se creó la 51 Escuadrilla de Salvamento con base en Tenerife, dotada con dos helicópteros tipo Sikorsky (H19) a los que más tarde se incorporó un avión tipo Gruman Albatros (SA-16). Esta Unidad se trasladó muy pronto a la Base Aérea de Gando en Gran Canaria y en función de diversas disposiciones fue cambiando su nombre hasta la actual denominación de 802 Escuadrón de Fuerzas Aéreas y RCC Canarias.
Cuenta en plantilla con 3 aviones Fokker 27 y 4 helicópteros Super-Puma.


Escuadrón 803: Ala 48 (Madrid)

En el año 1954 se crea en la Base Aérea de Getafe la 53 Escuadrilla de Salvamento con dotación de cinco helicópteros Sikorsky 55. Desde entonces,ha pasado por distintas denominaciones: 57 Escuadrilla de Salvamento (febrero de 1957 - noviembre 1963), 57 Escuadrón de Salvamaento (noviembre 1963 - febrero 1965), 803 Escuadrón de Salvamento (febrero 1965- noviembre 1967), 803 Escuadron de Fuerzas Aérea (noviembre 1967 - actualmente).
El 803 Escuadrón mantiene un destacamento en la Base de Apoyo Avanzado de Herat (Afganistán) realizando misiones de ayuda en la reconstrucción del país bajo el mandato internacional Security Assistance Force (ISAF). Allí permanentemente tiene desplegados dos helicópteros y aproximadamente 35 efectivos.




29 ago. 2012

Despidiendo a sus compañeros caidos con una haka (NZ)

La haka es utilizada en toda Nueva Zelanda, no solo por lo maoríes, para demostrar sus pensamientos colectivos. Hay una haka para cada uno de los servicios, así como para las Fuerzas Armadas. Las unidades del Ejército Neozelandés tienen su propia haka. 
Este video muestra a los soldados del 2º Batallón del Real Regimiento de Infanteria de Nueva Zelanda (Royal New Zealand Infantry Regiment  RNZIR) realizando la haka de su unidad, reconociendo la vida y hazañas de sus compañeros caídos a medida que entran en el patio de armas. Es también una despedida para aquellos que cruzarán la Waharoa (la puerta de entrada tallada) por última vez.



Un paracaidista herido en Afganistán

Un militar español ha resultado herido este miércoles en una pierna durante un enfrentamiento con insurgentes que se ha prolongado durante varias horas al norte del puesto avanzado de combate de Ludina, en la provincia afgana de Badghis. La respuesta de las tropas españolas, que han contado con apoyo aéreo de ISAF, ha acabado con cuatro insurgentes muertos y ha dejado otros tres heridos.

Según han informado fuentes militares en la base española de Qala-i-Naw, donde está el grueso del contingente español, el convoy militar en el que se encontraba el caballero legionario de la Brigada Paracaidista herido, de 27 años, «sorprendió» a la insurgencia en una operación de reconocimiento que comenzó la pasada madrugada, y en la que han permanecido cerca de 14 horas recibiendo disparos de manera aislada, hasta su regreso a Ludina.

El soldado fue evacuado por medios aéreos a la base de Qala-i-Naw, donde ha sido intervenido quirúrgicamente y estabilizado, antes de ser trasladado al hospital español en Herat. El militar se encuentra fuera de peligro y ya ha podido hablar con su familia.

24 ago. 2012

"¡Los hombres que caminan sobre las bombas...!"

"Le llamamos ANAL, porque la mayor parte de las bombas que encontramos están compuestas de Amonio, Nitrato y Aluminio. Y si, hacemos bastantes chistes con la posibilidad de morir reventado por un anal...", me dice el Sargento Mitch Lokker, nacido en Kansas, mientras se coloca las guantes y mete la mano en un polvo grisáceo con irisaciones brillantes. Se puede decir que el negro sarcasmo de los desactivadores de explosivos entra en la categoría del humor bizarro que también cultivan los enterradores o los forenses. Son colectivos cuya cercanía a la muerte les permite crear universos irónicos poblados de bromas macabras, pero que son sin embargo, un ejemplo de su apego a la vida. Le comento al sargento que en España la banda terrorista ETA también utilizaba ese tipo de explosivo, reforzado a base de fertilizantes, pero que le llaman Amonal, o Amosal si se le añade sal. "Si, lo conozco, también lo hemos estudiado.¿Por fin han parado, no?", me pregunta mientras observa los restos de un detonador.

El sargento me permite ver como sus hombres de la 630 EOD Company procesan los componentes del artefacto que acabamos de encontrar en la cuneta de la Autopista N 1, la que une Kandahar con Kabul, una carretera clave para vertebrar el país. No solo pesan la cantidad de explosivo que había en la bomba, sino que clasifican sus componentes y estudian el método de detonación utilizado. Buscan huellas dactilares del que la puso, pero también patrones de montaje y restos de los elementos utilizados que les puedan llevar al que la diseñó, al "Bomb maker". En lo que va de año mas de cien soldados de la Coalición Internacional han muerto debido a la explosión de uno de estos artefactos improvisados, llamados en la jerga militar IED (Improvised Explosive Deviced). Lo peor es que las bombas no piensan, se quedan latentes hasta que alguien las pisa y detona el mecanismo de presión que las hace estallar. "El año pasado unos mil civiles murieron por este tipo de minas. Son casi 3 personas al día", me reconoce el doctor Alberto Cairo, director del Hospital que la Cruz Roja Internacional tiene en Kabul para atender a los heridos que quedan mutilados o terriblemente amputados.

"No, no somos unos yonquis de la adrenalina, como pinta la película de 'En tierra hostil', solo hacemos nuestro trabajo". El sargento Steven Maher, nacido en New Jersey, ha dejado fuera de juego (como le gusta decir) mas de mil bombas trampa u otro tipo de artefactos caseros. Los desactivadores son unos tipos francamente respetados por el resto de los soldados, ya que a menudo arriesgan su propia vida para salvarles a ellos. Ya son 111 los estadounidenses miembros de estas unidades muertos en las guerras de Irak y Afganistán. Según Maher, casado y con tres hijos, el trabajo en Afganistán es bastante más fácil que el que tuvieron en Irak. Las bombas que colocan los talibanes son muy básicas, toscas es la palabra que emplea, mientras que en Irak, reconoce, las de Al Qaeda y el resto de grupos insurgente eran mucho más sofisticadas y complicadas. Alli tenían que acercarse a desactivarlas, porque casi siempre estaban en núcleos urbanos, mientras que en Afganistán lanzan primero al robot y después, habitualmente y para minimizar riesgos, la detonan de manera controlada.

Acompañar a estos hombres en su quehacer diario es tener la sensación de que esa puede ser tu ultima mañana, tu ultimo viaje. Está claro que este es uno de los trabajos más peligrosos del mundo. En los días que pasamos con ellos, nuestra propia tensión se dispara a limites de colapso. Normalmente salen de la base tras la información o el chivatazo de alguien que ha visto algo raro en la carretera o en un sendero, como tierra removida recientemente o cables que sobresalen entre el pavimento. Una vez recibido el aviso, los desactivadores están listos en media hora. "¡Venga Jon, que han encontrado otra bomba, salimos ya...¡" nos grita un soldado. Vamos en el blindado en silencio, rumiando nuestra propia insensatez por subirnos ahí. Escuchando los gritos sordos del sentido común que te chillan que te bajes. Y te acuerdas de todos los tuyos. Y tratas de pensar en otra cosa. Y sudas. Y el miedo se te escapa por todos tus poros. Y te pones el casco. Y te lo quitas. Y piensas que si te va a explotar una bomba en el suelo quizás sea mejor ponerte el casco en el culo. Y te lo vuelves a poner y te das cuenta de que te duelen las sienes de tanto palpitar. Y se te seca la garganta. Y sonríes de manera nerviosa al soldado que tienes enfrente, a ese tipo que ha salido tantas veces en patrulla que le da igual todo, y que, lo ves en sus ojos, se está partiendo de risa de tu propia angustia. Hasta que el blindado frena y un militar circunspecto te dice: "¡Bajad, la bomba está a cien metros, cuidado dónde pisáis..¡"

"Los insurgentes van aprendiendo de nuestras técnicas. Probablemente ahora nos estarán mirando desde algún escondite -me dice la sargento Kendall-. Últimamente nos suelen poner artefactos secundarios o hasta terciarios en el mismo lugar. Cuando creemos que ya hemos acabado el trabajo, Boom, explota otro al lado, así que no os mováis del asfalto o seguir nuestros pasos". Y se pone a andar moviendo de izquierda a derecha un detector que emite un ligero zumbido. Y obviamente, nadie la sigue. Y todos contenemos la respiración mientras Kendall, literalmente, camina sobre las bombas. Y si la sensación de parálisis, de que casi no te puedes o no te quieres mover, es superior a ti, es quizás peor la certeza, como dice la sargento, de que haya alguien mirando con unos prismáticos. De que haya un talibán escondido tras unas rocas, pasando su dedo nervioso por encima del botón que activa la bomba mientras murmura que "Allah es grande". Esperando a que los desactivados se acerquen o que varios soldados del Ejercito Afgano se arremolinen cerca del explosivo secundario. Pensar que tu vida pueda estar en manos de alguien así es verdaderamente inquietante. Por eso, para minimizar bajas, es el robot el que se encarga de acercarse primero. Si no lo ven claro, si el técnico que rastrea las ondas de radio y las señales telefónicas que puedan activar el dispositivo no está seguro de poder bloquearlas, el robot coloca una pequeña carga de explosivo C-4 para reventarlo. Es lo que llaman BIP, "Blow in the Place", explotarlo en el sitio.

"Es una mezcla de sentido común, sangre fría, concentración y nervios de acero", dice el teniente Paul Finelli. Queda poco para que se acabe esta guerra. La mayor parte de las tropas de combate dejan el país en 2014. Estos hombres y mujeres, sin embargo, los desactivadores, se quedaran para seguir desminando un país sembrado de muerte por 40 años de conflictos ininterrumpidos. Como me dice el doctor Cairo, especialista en la rehabilitación de heridos por minas: "La guerra puede que se acabe, pero las bombas se quedan".

Jon Sistiaga 

El País

16 ago. 2012

Su propia guerra

Kilómetro a kilómetro. Así es como las tropas españolas ganaron terreno a los talibán gradualmente en la denominada ruta Opal, la carretera de tierra que une la localidad de Moqur con el valle de Dar-e-bum, una zona de tan sólo 1,8 kilómetros de ancho y cuatro de largo, pero de población de etnia pastún y bajo control de la insurgencia tradicionalmente.

"Los españoles construían un puesto de observación en lo alto de una colina, estaban allí quince días, y después se lo cedían al ejército afgano", explica el capitán Pablo Torres, desde lo alto de uno de esos puestos de observación, el 'opi Golf', como lo llaman los españoles. 'Opi' hace referencia a las siglas en inglés OP, que significan puesto de observación. Y 'Golf', a la letra del abecedario en la que están ordenados esos puestos de control.

Desde el OP Golf se ve perfectamente un buen tramo de la ruta Opal. En la carretera, de poco más de 20 kilómetros, hay en la actualidad una decena de puestos de observación, la mayoría construidos por los españoles y que sirven para mantener una cierta seguridad en el trayecto.

Las tropas españolas también tuvieron un campamento militar en Dar-e-bum durante casi un año, desde principio de 2011 hasta el pasado marzo, cuando se retiraron ante el redespliegue del ejército afgano. Aún así la Brigada Paracaidista 'Almogávares VI', que es la que ahora está destacada en la provincia afgana de Badghis, va a Dar-e-bum a menudo, casi cada semana.

'¡Eh, no cojáis maderas todavía! Esperad que pida permiso al comandante afgano, que si no después se enfada', grita el capitán Torres a dos de sus hombres que buscan en el campamento de Dar-e-bum un par de tablones lo suficientemente grandes como para colocarlos en el suelo y dormir encima. El ejército afgano es ahora el amo y señor de la base, y los españoles, unos simples invitados. Es ahora su "casa de campo", como dicen ellos, porque sólo van allí unos días y las condiciones de vida dejan mucho que desear.

Los españoles se llevaron del campamento todo lo que era suyo y ahora la base es una explanada de piedras, enorme y desangelada, donde se puede decir que no hay nada, excepto una casa de adobe, unas cuantas construcciones destartaladas de madera, y enormes sacos de tierra que delimitan su perímetro. No hay ni agua, ni electricidad y las letrinas son dos agujeros inmundos en el suelo, con dos tablones de madera atravesados donde hay que colocar los pies sin perder el equilibrio.

'Maratón' bajo el sol

"Salir por ahí es más entretenido. Al menos se te pasa el tiempo más rápido", responde el paracaidista Echevarría encogiéndose de hombros cuando se le pregunta si le gusta ir a Dar-e-bum. El tiempo, sin duda, pasa allí volando. Los españoles montan el campamento en cuanto llegan, colocando diversos toldados entres sus vehículos blindados y una de las paredes del perímetro de la base, y salen a patrullar a pie por los núcleos de población más cercanos. "Es importante hacer acto de presencia, que la gente nos vea y sepa que no nos hemos ido", afirma Torres, que no se cansa de andar mientras sus soldados le siguen detrás bajo un sol criminal. La caminata dura horas.

Al atardecer los españoles regresan al campamento, y entonces aparecen también fuerzas especiales estadounidenses acompañadas de decenas de soldados del ejército afgano, que entran en la base a toda velocidad con vehículos Humvee. A simple vista parecen macarras.

"Pues la verdad es que no me han explicado nada. Les he explicado yo más a ellos, que les he dicho qué hemos hecho hoy, que ellos a mí", comenta el capitán Torres después de hablar con dos efectivos de las fuerzas especiales norteamericanas, que se acercan a él con un militar de origen mejicano para que les haga de traductor, pensando que el oficial español no va a entender ni palabra de inglés.

La mayoría de las tropas estadounidenses se han retirado de la provincia de Badghis, y ahora sólo quedan fuerzas especiales que parece que hagan su propia guerra. Al menos en el campamento de Dar-e-bum, estadounidenses y españoles estuvieron por una noche por un igual. Todos durmieron al raso, cenaron comida militar empaquetada, aunque eso sí, los españoles también saborearon jamón serrano que sus familias les habían enviado desde España y que lógicamente no compartieron con las fuerzas norteamericanas.



Extraído de: ElMundo.es

4 ago. 2012

Muere un miembro de la UME en un incendio

Un cabo primero de la UME (Unidad Militar de Emergencias) desplazado al incendio forestal de la Sierra de Gata ha perdido esta tarde la vida al sufrir un accidente. El suceso, se ha producido en torno a las 17.20 horas de esta tarde cuando el vehículo moto-bomba en el que circulaba ha volcado.
En el mismo siniestro han resultado heridas otras dos personas.


Mi solidaridad y pésame para los compañeros y familiares del fallecido.
Ademas quiero mandar todo mi apoyo a aquellos que se encuentran ahora mismo luchando contra el fuego.


3 ago. 2012

En reconocimiento de la labor de los equipos EOD

Que este video no solo sirva como recuerdo a los 5 militares que murieron aquel 24 de febrero de 2011, sino que tambien sirva como reconocimiento, y para dar a conocer la labor de los equipos EOD.