30 mar. 2012

«Mi vocación sigue intacta» por Agustín Gras Baeza

Regresábamos de una patrulla de reconocimiento por la ruta Lithium, mi vehículo era el cuarto de la columna. No recuerdo la explosión, posiblemente perdí el conocimiento por unos instantes. Los gritos de mi conductora me devolvieron a la realidad, me encontraba en una postura extraña, aturdido, algo me quemaba la zona lumbar y un tramo del cinturón de seguridad me aprisionaba el cuello, dificultándome la respiración y el habla. Creo que en ningún momento fui consciente de las heridas que había sufrido, aunque al escuchar la agonía de mi conductora supe que la situación era grave. De hecho, cuando dejó de gritar me temí lo peor y le ordené que siguiera gritando. No recuerdo que me doliera excesivamente la pierna, me preocupaba más el no sentirla.
Cuando me desperté dos días después en el Role-2 de Herat, no recordaba absolutamente nada de lo que había pasado, mi primer pensamiento fue: ¿qué hago aquí?  Entonces me explicaron lo sucedido y me dijeron que todos los ocupantes del vehículo estaban fuera de peligro, lo que me alivió bastante. Recuerdo que estaba tapado de cintura para abajo y note que faltaba algo, por eso mi siguiente pregunta fue: me han amputado la pierna, ¿verdad? Cuando me respondieron afirmativamente, lo primero que pensé fue que mi carrera militar había terminado. Aún no hacía un año que había recogido mi despacho de Teniente y ya no iba a poder seguir desempeñando mi profesión, aquella por la que llevaba casi 10 años luchando. Había tenido el privilegio de mandar una sección de hombres y mujeres magnificos y ahora tocaba separarme de ellos.
Después del viaje de regreso a España, vinieron 4 largos meses de convalecencia en el Hospital Gómez Ulla, en los que, afortunadamente me sentí en las mejores manos y en los que el apoyo de familiares, amigos y compañeros de profesión fue una constante. También debo añadir los numerosos reconocimientos que he recibido, como la  Cruz al Mérito Militar con distintivo amarillo, Medalla de Oro de la Cuidad Autónoma de Melilla (junto al soldado Ibrahim Maanan Ismael, que resultó herido en el mismo ataque) y el  Premio del Club Gotia.
Tras recibir el alta médica, regresé a Melilla para continuar con la rehabilitación y seguir aprendiendo a manejar la prótesis. En diciembre, con lágrimas en los ojos, tuve que despedirme de mi querida unidad, el RIL. Soria 9. Debido a mi pérdida de aptitud física, había dejado de estar destinado en el Regimiento. Atrás quedaban mis leales subordinados, mis atentos jefes y mis excelentes compañeros. No obstante, tengo la esperanza de que esa despedida se convierta en un hasta luego. Ahora mi lucha consiste en demostrar que sigo siendo útil para el servicio. Mi deseo es continuar trabajando por la seguridad de mi país y regresar a los puestos de mayor riesgo y fatiga.  Mi cuerpo está mutilado, pero mi espíritu y mi vocación se encuentran intactos. La preparación de un oficial de infantería incluye formación física, táctica, técnica y moral. Considero que la amputación sólo me limita en la primera de ellas, al menos de momento. De lo que no tengo ninguna duda es de que fue únicamente la pierna, no la cabeza ni la ilusión, lo que perdí en aquel polvoriento camino de Afganistán.

Agustín Gras Baeza
Teniente. Herido en Afganistán
Visto en: La Razón

El Bulli de La Legión


 

Dicen que hará buen día, pero en Afganistán todo es posible y nada es previsible. Amanece soleado y termina nevado. Así es este duro país que somete a su población a un climatología extrema que los locales soportan con la misma indumentaria los 365 días al año, chancletas y shalwar kamiz, una camisola larga rematada en bombacho, para ellos. Y velo con túnica o burka para ellas.
6.30 horas de la mañana. El convoy de 39 vehículos militares y civiles está preparado para recorrer los 35 kilómetros que separan la base de Qala i Naw del puesto avanzado de Ludina. Por primera vez en diez años, un grupo de periodistas españoles, entre los que se encuentra EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, visitará las instalaciones del puesto avanzado de combate (COP en sus siglas en inglés) que en estos momentos soporta el hostigamiento más duro de la insurgencia. Mil metros cuadrados y fortificados en mitad en la nada, en la que dos centenares de legionarios y otro medio centenar de militares adoctrinan a un batallón del Ejército afgano con el que patrullan a diario por los inhóspitos caminos de la zona.
El teniente Jesús Picazo prepara las últimas órdenes antes de la salida, en la base de Qala i Naw. Recuerda a los conductores de todos los vehículos que está prohibido circular por los laterales de la ruta. "Hay que seguir la rueda marcada" de los vehículos de vanguardia que se encargan de garantizar la seguridad de la ruta. Es decir, que miran de que no haya presencia de IED (artefactos explosivos improvisados, en sus siglas en inglés), el arma más mortífera de los talibanes.

Obligatorio casco y chaleco

El cielo está despejado, del enorme restaurante de la base de Qala i Naw se escapa el olor a café y pan tostado. El convoy arranca. No es un juego. Ni una excursión preparada par el divertimento de los periodistas. El convoy es uno de los que mensualmente lleva víveres y material a la base de Ludina. En esa misma ruta, otros han perdido la vida. Por tanto, es obligatorio usar casco y chaleco antibalas, incluso en el interior de los blindados. Arranca el convoy, que recorre el centro de Qala i Naw, y circula por un pobre y destartalado mercado que empieza a despertar. El ritmo de la caravana es muy lento. Se circula a una media de 20 kilómetros por hora. No hay prisas. Lo único importante es llegar. En el RG-31 de la cola del convoy, el legionario Jesús Morales, no aparta sus casi trasparente ojos azules de la pantalla de su puesto de tirador. Como si de un mando de videojuego se tratara, el tirador controla con una visión perfecta todo lo que ocurre a más mil metros de distancia. Acerca y aleja la imagen. El zoom es perfecto. Se preocupa especialmente de las colinas, y al atravesar los poblados, de las azoteas de las casas. No para. Su mirada está clavada en la pantalla. No pierde ni un solo movimiento. El zoom atrae cualquier objeto sospechoso.
Este tramo de la ruta Lithium ha sido arreglado. En la calzada hay gravilla, pero aún así, algunos baches hacen saltar por los aires al menos liviano. Es temprano todavía, los colegios no han abierto sus puertas, y los críos se arremolinan en las puertas de sus chabolas para ver el paso de la comitiva. A la salida de Qala i Naw, dos renacuajos recogen piedras, se las esconden, y las arrojan contra un blindado. ¿Travesuras o hartazgo? El teniente coronel Javier García Calvo responde rápido: “Cosas de críos”.

Tres horas para recorrer 35 kilómetros

El paisaje es monocromático, de un marrón achocolatado que solo en algunos tramos de los inmensos valles que conducen hasta Ludina empiezan a enverdecer. Son cosas de una primavera que en Afganistán regala flores de papel y ropa con las que los afganos gustan adornar sus coches y motocicletas. De vez en cuando en el camino, aparece un grupo de casas. Cuesta distinguirlas porque se mimetizan en el marrón del paisaje. Se trata de construcciones sencillas, cuadradas, de adobe, con plásticos en el techo, puertas que no cierran, y sin ventanas. No hay agua corriente, no hay luz, no hay nada. Las mujeres no se ven, solo algún hombre irrumpe de vez en cuando en el paisaje, de cuclillas, sobre un muro, o al pie de la carretera. Están acostumbrados. Ya no se inmutan al paso de los vehículos militares, entre una guerra y otra, casi no quedan afganos que hayan vivido en tiempos de paz.
El convoy se detiene en mitad del camino. El equipo responsable del control de artefactos se dirige a uno de los puntos de los denominados históricos. Como el asesino que dicen que regresa al lugar del crimen, la insurgencia tiende volver a colocar una mina allí donde en otra ocasión ha conseguido hacerla estallar. Parece ridículo, pero es así. Los servicios de inteligencia de la legión lo saben y revisan esos puntos en cada trayecto por la carretera que conduce al norte. Cada inspección supone un parón de más de media hora. Como mínimo. Cualquier elemento o persona sospechosa en la carretera detiene también al convoy. No se asumen riesgos. No vale la pena. La misión es llegar. No importa cuándo. Todo se enlentece. Al final, los 35 kilómetros se recorren en más tres horas.

Un homenaje a Ferran Adrià

El puesto avanzado de Ludina no es como a uno se lo cuentan, ni siquiera como se lo imagina. Mil metros cuadrados enclavados en un valle rodeados de amenazantes montañas que los insurgentes utilizan como puntos de hostigamiento. Las condiciones del puesto son mucho mejores de lo esperado. El ingenio militar hace el resto. Baños de fabricación casera, con su agua caliente, y cocina con el rótulo de El Bulli que otro destacamento anterior colocó en honor al cocinero Ferran Adrià. Dos legionarios al frente de los fogones, Erika Julieth y Fernando Ureña, mantienen el buen nombre del cocinero catalán con las mejores paellas y pasteles de la comarca.
Son días de movimiento. Unos vienen y otros se van. Tras dos meses y medio intensos y duros, durísimos, porque Ludina es, sin duda, el más peligroso destino en estos momentos en Afganistán, el capitán Carnerero y sus hombres recogen bártulos para regresar a la base de Qala i Naw. El capitán Armada toma el relevo. Son buenos amigos. "De lo mejor que tenemos en la legión", asegura el coronel Demetrio, el responsable del contingente en Afganistán. Es curioso, sus mujeres, la de Armada y Carnerero, se conocen, son amigas, y en estos meses de complicadas misiones comparten sus miedos y preocupaciones, que las tienen, como el resto de familiares de los legionarios, Pero el teniente coronel Carlos Echevarría, el segundo del contingente en Afganistán, lo tiene claro: "Hay que contar lo que pasa. Sin dramatismos, sin edulcorar, sin preocupar a las familias, pero sin mentir". Y lo que pasa exactamente en Ludina, y lo que hace el Ejército en ese puesto avanzado de hostigamiento permanente de los talibanes, lo contaremos, pero será en el capítulo siguiente


Extraído de: "El Periodico"